La volatilidad eléctrica deja de ser un riesgo para convertirse en una oportunidad

26 de junio de 2026
La volatilidad eléctrica deja de ser un riesgo para convertirse en una oportunidad

La volatilidad eléctrica deja de ser un riesgo para convertirse en una oportunidad

26 de junio de 2026
La volatilidad eléctrica deja de ser un riesgo para convertirse en una oportunidad

La volatilidad eléctrica deja de ser un riesgo para convertirse en una oportunidad

26 de junio de 2026
La volatilidad eléctrica deja de ser un riesgo para convertirse en una oportunidad

Durante años, el precio medio de la electricidad fue la principal referencia para evaluar costes energéticos, planificar inversiones y medir la rentabilidad de los activos. Sin embargo, la evolución del sistema eléctrico está cambiando esta lógica. Actualmente, el factor determinante ya no es el precio medio del mercado sino la diferencia entre las horas más caras y baratas del día.

La expansión de las energías renovables, especialmente la solar fotovoltaica, está modificando profundamente el comportamiento de los mercados eléctricos. Cada vez es más habitual observar horas con abundante generación renovable y precios muy reducidos seguidas de periodos en los que la demanda aumenta y los precios repuntan con fuerza.

España es un claro ejemplo de esta tendencia. En mayo de 2025, el precio medio del mercado diario alcanzó los 16,93 €/MWh, uno de los registros más bajos de los últimos años. 

Sin embargo, este dato por sí solo no refleja toda la complejidad del sistema. Detrás de esos precios históricamente reducidos se esconde un fenómeno con un impacto creciente para consumidores e inversores. Se trata del aumento de la volatilidad intradiaria donde algunas horas registran valores mínimos, otras mantienen precios superiores, ampliando la diferencia entre ambos extremos. Es precisamente ahí donde surge una de las mayores oportunidades del nuevo sistema energético.

El spread eléctrico mide la diferencia entre los precios más altos y más bajos del mercado en un mismo periodo. Cuanto mayor es esta diferencia, mayor es el potencial para optimizar el consumo energético y generar ahorros. En 2025, este diferencial alcanzó una media de 98 €/MWh, un incremento cercano al 40 % respecto al año anterior. Durante 2026, los spreads continúan situándose en niveles elevados, alrededor de los 91 €/MWh.

Lejos de ser un fenómeno coyuntural, estos diferenciales seguirán formando parte estructural del mercado. La incorporación masiva de nueva capacidad renovable, el avance de la electrificación en sectores como la industria, la movilidad o la climatización, junto con factores externos como el precio del gas o los costes asociados al CO₂, continuarán generando episodios de alta volatilidad.

La flexibilidad como nuevo activo estratégico

En este contexto, las estrategias energéticas tradicionales pierden eficacia. Gestionar la energía ya no consiste únicamente en consumir menos o negociar mejores contratos de suministro. El verdadero reto pasa por optimizar cuándo se consume, cuándo se almacena y cuándo se utiliza la energía disponible.

Las baterías están llamadas a desempeñar un papel protagonista en este nuevo escenario. Su capacidad para almacenar electricidad durante las horas de menor coste y utilizarla cuando los precios son más elevados permite capturar directamente el valor generado por los spreads. Cuanto mayor es la diferencia entre ambos momentos, mayor es el potencial económico de estas estrategias de arbitraje.

 La experiencia desarrollada por Edison Next en proyectos industriales muestra que una batería de 1 MW de potencia y 2 MWh de capacidad, instalada detrás del contador, puede generar ahorros anuales de hasta 64.000 euros únicamente mediante operaciones de arbitraje en el mercado diario. 

Más allá del ahorro económico, el almacenamiento aporta una mayor capacidad de control sobre los costes energéticos y mejora la resiliencia de las organizaciones frente a escenarios de elevada incertidumbre.

La demanda flexible: una oportunidad inmediata

Sin embargo, la flexibilidad no depende exclusivamente del almacenamiento. Muchas empresas cuentan con una fuente de valor todavía poco aprovechada, la capacidad de adaptar su consumo energético a las señales del mercado.

La gestión flexible de la demanda permite desplazar determinados procesos hacia las horas en las que la energía es más abundante y económica. Esta capacidad de adaptación puede generar beneficios relevantes sin necesidad de realizar grandes inversiones. 

Por ejemplo, una instalación capaz de desplazar 1 MW de consumo durante dos horas al día puede alcanzar ahorros superiores a los 42.000 euros anuales aprovechando los diferenciales horarios actuales.

Además, el potencial económico de la flexibilidad continúa creciendo. Tanto los sistemas de almacenamiento como la demanda flexible podrán complementar los ingresos derivados del arbitraje participando en mercados de flexibilidad, servicios de ajuste, mecanismos de respuesta a la demanda y futuros mercados de capacidad.

Del consumo energético a la gestión activa de la energía

Esta evolución pone de manifiesto que el mercado eléctrico está transitando desde un modelo centrado en la energía hacia otro en el que la flexibilidad tiene un valor cada vez más relevante. En un entorno marcado por la volatilidad, los spreads dejan de ser una simple consecuencia de la transición energética para convertirse en una oportunidad de negocio.

Las organizaciones capaces de adaptar su consumo, incorporar almacenamiento y gestionar activamente su energía estarán mejor posicionadas para reducir costes, generar nuevos ingresos y aumentar su competitividad. En el nuevo sistema energético, la flexibilidad ya no es una opción complementaria, sino una herramienta estratégica para capturar valor y construir resiliencia a largo plazo.